martes, 24 de febrero de 2026

La Gran Verdad

Desde mi verdad, te hablo la Gran Verdad,

desde el pozo hondo que la sombra me dibuja.

Donde el cuerpo duele y el yo se estruja,

¡donde la fe es la única que aún me empuja!


Con la voz que susurra que no hay salida, 

y la duda que morir no pretende, no tengo duda de que en la herida me hay vida.

Intenta el adversario atacar sin tregua,

sembrar la angustia, ¡que la paz nos niega!


Y siempre, en el abismo, mi luz por gracia se eleva,

¡la promesa que el alma nunca releva!

Un fuego interior que no se consume,

una misericordia sagrada que el dolor asume.


Y me envuelve en Su Manto invisible, mi visible,

Su Fortaleza es mi refugio, mi fuerza invencible.

Aunque la tormenta azota mi travesía, mi carne,

en mi verdad, mi espíritu por su Espíritu ¡es la Gran Verdad!


Mi testimonio, es el llanto y a su vez el gozo,

haber estado perdida y ahora encontrada.

Es, la certeza de que con Él todo puedo,

y que sin Él, ¡no soy nada!


©Rebeca Alpízar

lunes, 23 de febrero de 2026

El silencio que escribo

No es la ausencia de ruido el silencio que escribo,

es la pausa del alma donde al fin yo concibo.

El mundo grita ansioso, pidiendo y decretando,

mientras mi fe se aquieta, Su voluntad esperando.


El pergamino en blanco no es vacío o derrota,

es la página abierta donde,

el plan que es perfecto, Dios nos anota, 

aunque la carne no vea,

la promesa que calma la tormenta que arrea.


En el silencio escrito no hay fórmula humana,

no hay suerte que se fuerce, ni bendición mundana.

Hay solo el humilde «Hágase» que el espíritu acepta,

la certeza de un puerto que la guía detecta.


Yo vine a Él cansada, con la vida dolida,

con la lista de males que ha marcado mis días.

Él me ofreció Su Palabra, que es lámpara y es cuna,

donde la verdad reposa más allá de la luna.


Y en la quietud profunda donde el ego ha callado,

escribo la paciencia, el consuelo hallado.

Que mi fuerza no basta, que mi ingenio se agota,

mas Su Espíritu, la melodía me enseña nota a nota.


El silencio que escribo, no es la falta de voz,

sino el clamor templado que desea solo a Dios.

Es el libro cosechado en el que la prisa se ha marchado,

donde mi persona se rinde, callada y a Su lado.


El silencio que escribo es mi oración más cierta:

Que mi ser solo es libre porque Él me guarda la puerta.

Que el final de mi historia no es mi pluma quien lo dicta,

sino el amor del Padre que mi existencia vindica.


Entonces, el silencio escrito en mi silencio que escribo,

es el canto que el corazón aprende a oír con total sentido.

Es mi silencio escrito el silencio que escribo,

donde Su voz es todo, y por la cual yo vivo.


©Rebeca Alpízar

El Dios que te ve, aunque aún no lo conozcas

El peligro no está en el deseo de luz, sino en abrazar reflejos que no nacen del Sol.

Porque hay Poder , poder Santo, no prestado por sombras. Hay palabra que crea , es Palabra Viva, no decretos del ego. La Fe mueve montes , es la Fe en Él, no en la voluntad humana.

Donde Él está, no hay ilusión, solo Luz.

26 «Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?» (Mateo 16:26)

La Gran Verdad

Desde mi verdad, te hablo la Gran Verdad, desde el pozo hondo que la sombra me dibuja. Donde el cuerpo duele y el yo se estruja, ¡donde la f...